Fiestas populares

Las fiestas de bailes chinos celebradas en pueblos, localidades y barrios urbanos populares del territorio vienen a conmemorar la memoria social de las comunidades locales sobre sus imágenes sagradas.

Las festividades de bailes chinos son el momento de conmemoración más importante de muchos comunidades campesinas, asentamientos mineros y caletas de pescadores, así como de barrios de sectores periféricos de ciudades que se extienden de mar a cordillera entre Tarapacá y el valle del Mapocho. Fechas importantes dentro del calendario anual de las comunidades, donde se reciben a los devotos, visitantes, familiares y otros bailes chinos que llegan a celebrar.

Vista desde una visión histórica y presente, la fiesta no es un todo homogéneo sino más bien un sistema complejo de saberes, cosmovisiones, prácticas, expresiones, poderes. Vemos el trabajo y la colaboración de muchas personas, la negociación de distintos intereses y visiones, muchas veces conflictivos entre sí, el vinculo de territorios y geografías diversas pero interconectadas, o el resultado cultural del tenso proceso histórico de evangelización de las religiones nativas de los pueblos originarios. O sea, en la fiesta confluyen y se amalgaman en un solo momento un sinnúmero de significados, sentidos e historias.

Altar familiar de la Virgen del Carmen durante la vigilia de canto a lo divino la noche del 26 de julio del 2014. Casa de don Rosendo Vargas Arenas de El Tebal, valle de Chalinga (Salamanca).

En la configuración histórica de las fiestas inciden una serie de elementos económicos, sociales, territoriales, culturales. Entre estos últimos destaca la dimensión ritual, entendida ésta como el conjunto de acciones, prácticas, discursos y simbolismos que ponen en juego los bailes chinos y sus integrantes durante las celebraciones: danzas, música y variaciones estilísticas, poesía recitada, procesiones, saludos, promesas, despedidas, vestimentas, pero también la sabiduría con que conjugan los anteriores elementos algunas personalidades, y el prestigio que con ello acumulan.

En la fiesta la comunidad tiene la oportunidad de tejer y solidificar la red de relaciones, posiciones e intereses de sujetos y colectivos que se constituyen a nivel local entre familias y vecinos, asociacionismo que se dispone y organiza para celebrar popular y colectivamente diferentes devociones que van fortaleciendo elementos de pertenencia identitaria y territorial, que van configurando su autonomía cultural, la cual resulta fundamental a la hora de enfrentar aquellas fuerzas históricas que han buscado controlar, disciplinar y cambiar las costumbres populares que se despliegan en las celebraciones, sean que respondan a poderes eclesiales, políticos o económicos, fuerzas que precisamente han derivado en que tradiciones de larga data han sido capturadas por lógicas institucionales ajenas.

Procesión del baile chino Cruz de Mayo de la Quebrada de Puchuncaví durante la fiesta patronal al santo madero en Potrerillos (Puchuncaví). Sábado 28 de mayo del 2016. Fotografía de Marcos González.

Pero la fiesta también conjuga el ir y venir histórico de una vida económica y productiva que ha marginalizado las posibilidades de desarrollo de los sectores populares e indomestizos, de sus cultivos, su artesanado, sus industrias y fábricas, su comercio popular. Y la fiesta se vincula precisamente con la historia de este proceso, tanto en relación a los ciclos productivos de una economía rural de complementariedad campesina, minera y costera, como al desarrollo del capitalismo criollo, con su transformación de territorios, traslado de trabajadores, precarización de su rol e incentivo cada vez más enfático de la mercantilización de todas las esferas de la vida social.

La fiesta marca el momento en que muchos bailes chinos se visitan mutuamente según sus compromisos recíprocos, construyendo una red de relaciones que articulan un calendario saturado de fiestas interconectadas mutuamente a lo largo de distintos territorios, por ejemplo el valle de Aconcagua, el del Choapa, el eje Limarí–Andacollo–Elqui–Atacama, o la zona del Norte Grande articulada en torno a las celebraciones de La Tirana.

Salida de la Virgen de Andacollo en procesión. 26 de septiembre del 2015. Fotografía de Manuel Morales.

Por último, se pueden distinguir dos tipos de fiestas: las de santuario y las de tipo patronal. Las primeras son celebraciones realizadas en grandes centros ceremoniales, de mucha concurrencia, comercio y turismo, las más de las veces anclando sus orígenes en cierta profundidad histórica. En estas fiestas actualmente los bailes chinos dueños de casa tienen poca visibilidad, conviviendo con otros tipos de bailes modernos, danzantes y bandas de bronce principalmente, siendo recurrente además los conflictos y tensiones con instituciones eclesiales, político–administrativas y del ámbito económico.

Las fiestas patronales son en cambio celebraciones pequeñas y aisladas que cada pueblo realiza en honor de una imagen santa, sea de alguna advocación de la Virgen, Cristo o la Cruz, así como algún santo. En ellas sus habitantes son protagonistas y productores de todo lo que involucra el trabajo festivo y el desarrollo ritual, constituyendo una comunidad celebrante local, implicando a veces solo al baile dueño de casa o a pocos bailes chinos visitantes, los cuales que en su mayoría son invitados y recibidos por la comunidad anfitriona.

Mujeres de Cay Cay preparan la comida para el recibimiento a los bailes chinos visitantes de la fiesta del 2014. Fotografía de Manuel Morales.

Les invitamos a profundizar en la información disponible en este sitio sobre fiestas, bailes, alféreces y abanderados, donde podrán profundizar en el riquísimo acervo indomestizo de esta cultura popular e historia social de los bailes chinos presentes en el territorio, así cómo revisar, descargar y compartir los múltiples productos culturales elaborados por el equipo editorial.