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Historia

Para hablar de la historia es bueno hacerse primero dos preguntas, ¿cómo se construye la historia, desde dónde, con qué posición?, y luego ¿cuáles son las fuentes de dicha historia de los bailes...

Para hablar de la historia es bueno hacerse primero dos preguntas, ¿cómo se construye la historia, desde dónde, con qué posición?, y luego ¿cuáles son las fuentes de dicha historia de los bailes chinos, en qué se asientan?.

Cualquier relato acerca del pasado es siempre una selección de hechos e interpretaciones que se realizan desde el presente en una posición específica. Lo recordaba el historiador Eric Hobsbawm, quien en la introducción de su libro “La invención de la tradición” acierta con meridiana claridad al señalar que,

“Todos los historiadores, sean cuales sean sus objetivos, están comprometidos en el proceso en tanto que contribuyen, conscientemente o no, a la creación, desmantelamiento y reestructuración de las imágenes del pasado que no sólo pertenecen al mundo de la investigación especializada, sino a la esfera pública del hombre como ser político. [Los historiadores] Deberían ser conscientes de esta dimensión de sus actividades”.

Por ello que asumimos nuestra vocación por relevar la historia y la memoria de los pobres y los trabajadores que con sus celebraciones populares constituyeron autónomamente sus propias organizaciones, sus mecanismos de autorregulación y las formas de la autoridad y los liderazgos que se enfrentaron a los poderes eclesiásticos, políticos y económicos. De esta manera nuestra opción no es cantar las gestas de la chilenidad, la nación y el patriotismo, viendo en los chinos la esencia de un país y sus emblemas. Nuestra opción es entender de manera profunda la complejidad de las múltiples dimensiones sociales, económicas, políticas y culturales que han incidido en el desarrollo histórico de las fiestas de bailes chinos.

Y esta vocación ha tenido una tendencia a la recopilación de documentos, literatura y fuentes diversas para hacerlas públicas y ponerlas en común, compartiendo así información y datos, nombres y apellidos, lugares, territorios e imágenes, situaciones y contextos, testimonios y memorias, para apoyar la construcción de relatos que fortalezcan las historias locales y regionales, y, ojalá con ello, la participación ritual y el poder local de las comunidades en y sobre el territorio.

Así hemos intentado poner a dialogar la historia con la antropología, reexaminando, como señalaba el historiador Edward Palmer Thompson, “el material antiguo, recogido hace mucho tiempo, haciéndoles preguntas nuevas y tratando de recuperar las costumbres perdidas y las creencias que las inspiraron”, colocando la información “nuevamente en su contexto total”, quitándoles su carácter fragmentario, de reliquias, convirtiendo la “fosilizada información propia del anticuario en un ingrediente activo de la historia social”. Historia al servicio de un estudio de la tradición de los bailes chinos que de cuenta de la forma en que el pueblo celebra su espiritualidad.

Retomando, se hace necesario también dar cuenta en base a cuáles fuentes se construye el relato acerca del pasado y presente de estas prácticas festivas, expresiones estrechamente relacionadas a una historia social, cultural y económica de las clases trabajadoras y del mundo popular, de la plebe de Chile colonial y republicano.

Para construir la historia es necesario constatar la carencia de documentos escritos y crónicas presentes en los archivos, de manera que debemos tomar en cuenta las memorias de los individuos y colectivos del bajo pueblo, de los trabajadores pirquineros, peones, agricultores, pescadores, de los empleados, obreros y profesionales. Por tanto la historia de los Bailes Chinos es una historia no escrita o muy poco escrita, que se encuentra en la memoria de los herederos de esta tradición, historia oral, conversada, rumoreada, traspasada de generación en generación en la fragilidad de los recuerdos y los olvidos.

Para conocer la historia de los bailes chinos hay que saber escuchar a los antiguos, a los abuelos, cuando nos hablan de cómo vivieron y trabajaron, cómo se esforzaban para juntar un baile, para hacer una fiesta o asistir a otra alejada de sus pueblos. Así entendida, la historia, es la reconstrucción de una memoria social, familiar y popular de un alcance que si bien no llega a las profundidades cronológicas que logran los archivos y los documentos, nos presenta un modelo para mirar y entender el pasado, nuestro pasado.

Como podemos ver, la historia de los bailes no es entonces una historia de las instituciones religiosas o sólo de las ocasiones festivas, es una historia que va más allá de las procesiones y que se despliega en un campo complejo, abarrotado de olvido, descripciones académicas, discriminaciones antojadizas, clasismo, y una pulsión por el control institucional no menor. Es en este escenario donde las comunidades deben emprender la tarea de constituir sus propias historias y hacer frente al presente con un sentido perspicaz del pasado.